miércoles, 5 de septiembre de 2018

I wonder…



My body was sitting on that bench looking at the moon,
My mind was flying very far from that bench, and so close to the moon.
Then, I wonder how far the mind can pull the body up
and a tear came out from my body.

I felt all this mass stuck on that bench. 
I felt my eyes stuck looking at the sky,
and my arms moveless resting on my lap.
This body of mine, it is here and now,
just appreciating the night, getting old, seeing life passing by,
getting forgotten in time, with nothing in the hands but
the mind.

Then I wonder what the mind can do,
I wonder how strong mine is
I wonder how alive I have been
And how much more alive I could be.

Sadly, my memory cries.
I am not alive, I am here and now.
My lungs are breathing and my heart beating
But my soul is dead, my mind is powerless
And my unnoticed skin doesn’t feel pain or relief.

The only thing I could do is to close my eyes,
continue breathing and hoping,
hoping for a new ray of sun,
for a tiny breeze of love that could save my mind,
for the shy echo that whispers from the inside,
for the voice of my inner being, that despite pretending to be dead
is aware of being the only hope for this mass lacking self-love.

Now I wonder...

viernes, 10 de marzo de 2017

Poem translated from Spanish: "Nuestro Vuelo terminó"  for ABClatino Magazine Issue 3- March 2017


Our flight ended

The distance became distance
Time turned into an endless echo
The pain became pain
And my heart made love, vanished from my chest.
This morphed into pure and hopeless melancholy.
My patience became impatience
My desire became desperation
My reason no longer believes in reasons.
My existence becomes heavy
and now I only find my broken heart in it.
I don't  know where you went
I cannot find you in me anymore. But, I don't attempt to do so anyway.
Destiny came across and complied,
love was not enough
because passion faded away ...
Our wings were cut off and our flight, my dear...
our flight ended here.


Maffy Malaver

sábado, 2 de julio de 2016

I LOVE MY WINDOW


I like to feel the air coming through my window like knocking on the door of my soul.
I love my window.
It is mostly open, except when it is 40 below.
I love my window.
I like to look at it every morning when the first ray of sun is on my face.
I love my window.

There is a smooth ray that hits my closed eyes and gently, as the air touches my cheeks, wakes me up inviting me to watch the newborn day for the first time.
I love my window.

There is a smooth ray, which cautiously and naively come to me through the family of trees that guard my sleep, and gives me the most simple but beautiful proof of the existence of God.
Whom else could have created such a delicious view?

I love my window.

Then I sigh and I desire to have the day just to watch.
Just to watch the leaves coming down,
the air getting heavier and then also coming down,
the birds singing and then flying away,
the smell of the Earth that changes with every minute,
the sun rising from the bottom of the mountains, while it gets mature on the top and dies again at the bottom with the moon as a witness.

Oh the moon!
The moon who also visits my window from time to time
and dances with me, while my dreams sing the melody of my inner voice.
I love my window.


Maffy Malaver

sábado, 15 de noviembre de 2014

DIARIO DE UNA COLOMBIANA EN TIERRAS LEJANAS (PARTE VII)

La conquista
¡Pura Vida!


Aterrizamos en Costa Rica, el mismo 10 del mismo septiembre, pero quien sabe a que hora en cada lugar del mundo, porque nos tardó un poco entender la descomposición  y recomposición horaria en la que nos habíamos sumergido dentro de aquel avión. Son solo 3 horas de diferencia entre Nueva York y San José (Capital de Costa Rica)  pero en mi hicieron un gran abismo entre el pasado y el futuro.

El 'mico'
Anita Calderón, mi prima, esa familiar que todos tenemos viviendo en otro país, estaba esperándonos en el aeropuerto. Lo primero que nos mostró del país fue su moneda; Un billete colorido, con un mico como imagen. –Un mico! no prima, un mono, porque si dices mico en Costa Rica puedes ser malinterpretada - Dijo Anita un poco sonrojada, puesto que mi voz no fue en tono privado cuando exclame: ¡Un mico! Desde entonces tengo un ridículo recuerdo acerca de la palabra mico en mi mente; basta con entender que todo hace parte de una cultura, como la arepa o los sapos en Colombia, por ejemplo. 

Cuando llegamos a la casa de Anita, su mamá lo que significa mi tía Norma, estaba esperándonos con unos ‘vinitos’ para celebrar que habíamos llegado; así  entre copas e historias ‘ticas’ (Gentilicio para aquellos nacidos en Costa Rica) pasamos la primera noche. Nuestro plan de conquista para estas tierras "Pura vida" (Frase insignia de Costa Rica y su estilo de vida) habia iniciado.

Anita y Norma
Al siguiente día ya estábamos alistando maletas y contabamos con una reservación en un hotel cerca de la playa de Manuel Antonio, un pueblo que limita con una parte del mar Pacífico del país.  Nuestro plan era pasar 1 noche y 2 días en esta playa y continuar. Pero como lo dije antes, planes son una cosa y travesía otra.
En un viaje con el presupuesto como el nuestro, tener una reservación en un hotel de lujo suena a que teníamos algún as escondido en esas mangas que nunca usamos en aquel clima tropical. Debido a que se acercaba el cumpleaños de ‘Alesito’ merecíamos al menos una noche 5 estrellas para celebrar.  Así que entre lo mas recóndito de la madrugada encontramos una noche en un hotel a mitad de precio y con cena para dos incluida. Un comodín que no podíamos desperdiciar.

Cumpleaños 'Alesito'
Llegamos a Manuel Antonio, olía a mar, a "Pura vida"y también a pizza; Cerca al hotel había una pizzería que de verdad nos despertó el apetito, tanto que no resistimos a comer antes de la cena de cumpleaños. Un gran debut para nuestro estomago y la “dieta” que nunca pude concluir en aquel viaje.
Esa noche fue larga, después de comer y con la culpa de haberlo hecho dos veces, nos fuimos a buscar alguna aventura de bar ¡Y si que la conseguimos! Entramos a uno que parecía el mejor del pueblo, era exótico y la música  hacia algún llamado de emergencia para bailar. El inconveniente fue que el único que consiguió pareja de baile aquella noche fue ‘Alesito’ porque 10 minutos después de estar con nuestros margaritas en la mano reconocimos que era un bar gay; Nada extravagante pero muy llamativo y para nuestra sorpresa, bastante divertido. La pasamos muy bien a pesar de que no logré convencer a ‘Alesito’ de salir a bailar.
Atardecer en Manuel Antonio
En los planes teníamos pasar solamente esa noche en Manuel Antonio. Una noche que se convirtió en tres fácilmente. No queríamos abandonar aquel atardecer de ensueño. Este pueblo, ofrece el atardecer más bello que he visto hasta ahora. Sin embargo teníamos sólo una noche paga en el hotel de lujo; así que la siguiente la pasamos en un hostal muy particular, con piscina pero sin puertas, en el cual por cansancio nunca conocimos la supuesta piscina. La siguiente noche cuando pretendimos acampar y ahorrarnos unos ‘pesitos’, resultamos conversando con un borrachín del pueblo quien nos aconsejo que lo mejor era buscar hotel y no arriesgarse en la playa durante la madrugada. Entonces así lo hicimos, llegamos a un nuevo Hostal, viejo, con baños que han tenido mejores temporadas (imagino, tratando de ser positiva) pero eso si bien apropiado para nuestro bolsillo.

Amaneció de nuevo y yo sin poder dormir por la ansiedad o tal vez por algún temor provocado sin fundamentos,  me levanté con un nuevo plan en la mente. Nos iríamos a navegar en busca de ballenas. Se dice que a esta zona del Pacífico en esa temporada del año, estos hermosos animales inmigra para tener sus crías en tierras un poco mas cálidas.  Y no los culpo, porque el sabor costero no se compara con nada.
Ballena jorobada
Navegamos alrededor de 3 horas en un catamarán (tipo de embarcación propulsado a vela o motor), el cual me recordó que navegando suelo adaptar con facilidad la crisis del marinero, pero al que también le debo haber visto la más increíble y majestuosa imagen materna; Un ballena Jorobada guiando entre las olas a su ballenato, un espectáculo para nunca olvidar.

Se cumplía nuestro cuarto día en estas nuevas tierra  lejanas y yo seguía hambrienta de aventuras; así que recogimos las maletas y nos embarcamos hacia un nuevo destino. En mi mente solo tenia como objetivo llegar a Moctezuma, una playa aislada de la civilización y dedicada al rescate y estudio de tortugas.
Para llegar allí tuvimos que tomar un bus, un ferri y después otro pequeño bus que parecía estar atravesando la selva más espesa y misteriosa del mundo. Todos sus pasajeros incluyendo ‘Alesito’ se fingían taciturnos e hipnotizados por algún hechizo indígena, estaba anocheciendo y yo sentada en el sillón de ese bus antiguo, me sentí en medio de la nada sin saber hacia donde me dirigía, seguramente también fingí estar hipnotizada por un instante.

Llegamos casi a la media noche y sin  la suerte que siempre me acompaña. No encontramos hostal disponible y los hoteles sobrepasaban cualquier presupuesto. Después de todo Moctezuma había dejado de ser un pueblo sin aparente civilización como lo imaginé al navegarlo en internet y ahora puedo decir con la experiencia de lo vivido que merece un título un poco más turístico. Por lo cual decidimos finalmente acampar el jardín de una casa de madera situada frente al mar. Tal vez la luz encendida de aquella casa y el sentir que estábamos de alguna manera en compañía nos dio la seguridad de estacar nuestro camping de 10 dólares, el mismo que después de un  aguacero que empezó a las 3 de la mañana, nos dejó con las maletas en bolsas plásticas y sentados sobre la arena, sin la mas mínima parte de cuerpo o de la ropa seca. Asi esperanmos el amanecer.  -Menos mal no me cambié y sigo con el  vestido de baño, "Pura vida". Dije cuando empezó a escampar al amanecer.
Tortuga del rescate
Caminamos durante la mañana y como ya lo habíamos comprobado la noche anterior, Moctezuma es un pueblo costoso, turístico y sin mucho que hacer (si no tienes dinero, claro esta) Así que lo exploramos un poco; Visitamos el centro de estudio de tortugas, ayudamos en el rescate de una muy pequeña que andaba sin rumbo en la playa y decidimos continuar con el atardecer.

Nuestro dinero empezaba a hacerse escaso y aún no llegábamos a la mitad del itinerario en Costa Rica. Pero sin detenernos a pensar en detalles “mínimos” como el dinero, continuamos con dirección a Guanacaste, nuestro destino final y paraíso turístico del país. Accidentalmente en el camino llegamos a Santa Teresa, un pueblo exótico, en el que encontramos lo que estábamos buscando en Moctezuma y en el que encontré también la panadería (The bakery, como se llama) mas exquisita de todo el continente. Una argentina que paso por allí, también por casualidad varios años atrás,  no pudo abandonar este paraíso y ahora se dedica a vender felicidad con sus celestiales éclairs de chocolate (tipo de pastel o postre francés). Uno cada día de los tres que vivimos entre Santa Teresa y Mal País hicieron a mi corazón y mi cintura sonreír con felicidad genuina.
Lastimosamente la sonrisa se desvaneció cuando la mañana que planeamos embarcarnos por fin a Guanacaste, contamos el dinero que nos quedaba y escasamente teníamos para regresar a San José y esperar nuestro vuelo de regreso a Nueva York. Aun teníamos 4 días y no pudimos seguir conquistando más tierras. El poco dinero que nos quedaba se esfumó veloz entre éclairs, ‘cervecitas’ y hostal. Así que llegamos esa misma noche a la capital, donde Norma y Anita Calderón estaban alistándonos un cuarto en su casa para esperar el vuelo. Pudimos descansar los siguientes 4 días, tener cama y comida decente; pero nos marchamos con la nostalgia de no haber colocado la bandera de conquista en Guanacaste. Tal vez en otra oportunidad, tal vez en otra aventura. Porque el 23 de septiembre ya nuestra odisea de "Pura vida" había acabado y mis maletas empezarían a ocuparse con bufandas gorros y guantes para mi primer invierno en Nueva York 

CONTINUARA...