sábado, 15 de noviembre de 2014

DIARIO DE UNA COLOMBIANA EN TIERRAS LEJANAS (PARTE VII)

La conquista
¡Pura Vida!


Aterrizamos en Costa Rica, el mismo 10 del mismo septiembre, pero quien sabe a que hora en cada lugar del mundo, porque nos tardó un poco entender la descomposición  y recomposición horaria en la que nos habíamos sumergido dentro de aquel avión. Son solo 3 horas de diferencia entre Nueva York y San José (Capital de Costa Rica)  pero en mi hicieron un gran abismo entre el pasado y el futuro.

El 'mico'
Anita Calderón, mi prima, esa familiar que todos tenemos viviendo en otro país, estaba esperándonos en el aeropuerto. Lo primero que nos mostró del país fue su moneda; Un billete colorido, con un mico como imagen. –Un mico! no prima, un mono, porque si dices mico en Costa Rica puedes ser malinterpretada - Dijo Anita un poco sonrojada, puesto que mi voz no fue en tono privado cuando exclame: ¡Un mico! Desde entonces tengo un ridículo recuerdo acerca de la palabra mico en mi mente; basta con entender que todo hace parte de una cultura, como la arepa o los sapos en Colombia, por ejemplo. 

Cuando llegamos a la casa de Anita, su mamá lo que significa mi tía Norma, estaba esperándonos con unos ‘vinitos’ para celebrar que habíamos llegado; así  entre copas e historias ‘ticas’ (Gentilicio para aquellos nacidos en Costa Rica) pasamos la primera noche. Nuestro plan de conquista para estas tierras "Pura vida" (Frase insignia de Costa Rica y su estilo de vida) habia iniciado.

Anita y Norma
Al siguiente día ya estábamos alistando maletas y contabamos con una reservación en un hotel cerca de la playa de Manuel Antonio, un pueblo que limita con una parte del mar Pacífico del país.  Nuestro plan era pasar 1 noche y 2 días en esta playa y continuar. Pero como lo dije antes, planes son una cosa y travesía otra.
En un viaje con el presupuesto como el nuestro, tener una reservación en un hotel de lujo suena a que teníamos algún as escondido en esas mangas que nunca usamos en aquel clima tropical. Debido a que se acercaba el cumpleaños de ‘Alesito’ merecíamos al menos una noche 5 estrellas para celebrar.  Así que entre lo mas recóndito de la madrugada encontramos una noche en un hotel a mitad de precio y con cena para dos incluida. Un comodín que no podíamos desperdiciar.

Cumpleaños 'Alesito'
Llegamos a Manuel Antonio, olía a mar, a "Pura vida"y también a pizza; Cerca al hotel había una pizzería que de verdad nos despertó el apetito, tanto que no resistimos a comer antes de la cena de cumpleaños. Un gran debut para nuestro estomago y la “dieta” que nunca pude concluir en aquel viaje.
Esa noche fue larga, después de comer y con la culpa de haberlo hecho dos veces, nos fuimos a buscar alguna aventura de bar ¡Y si que la conseguimos! Entramos a uno que parecía el mejor del pueblo, era exótico y la música  hacia algún llamado de emergencia para bailar. El inconveniente fue que el único que consiguió pareja de baile aquella noche fue ‘Alesito’ porque 10 minutos después de estar con nuestros margaritas en la mano reconocimos que era un bar gay; Nada extravagante pero muy llamativo y para nuestra sorpresa, bastante divertido. La pasamos muy bien a pesar de que no logré convencer a ‘Alesito’ de salir a bailar.
Atardecer en Manuel Antonio
En los planes teníamos pasar solamente esa noche en Manuel Antonio. Una noche que se convirtió en tres fácilmente. No queríamos abandonar aquel atardecer de ensueño. Este pueblo, ofrece el atardecer más bello que he visto hasta ahora. Sin embargo teníamos sólo una noche paga en el hotel de lujo; así que la siguiente la pasamos en un hostal muy particular, con piscina pero sin puertas, en el cual por cansancio nunca conocimos la supuesta piscina. La siguiente noche cuando pretendimos acampar y ahorrarnos unos ‘pesitos’, resultamos conversando con un borrachín del pueblo quien nos aconsejo que lo mejor era buscar hotel y no arriesgarse en la playa durante la madrugada. Entonces así lo hicimos, llegamos a un nuevo Hostal, viejo, con baños que han tenido mejores temporadas (imagino, tratando de ser positiva) pero eso si bien apropiado para nuestro bolsillo.

Amaneció de nuevo y yo sin poder dormir por la ansiedad o tal vez por algún temor provocado sin fundamentos,  me levanté con un nuevo plan en la mente. Nos iríamos a navegar en busca de ballenas. Se dice que a esta zona del Pacífico en esa temporada del año, estos hermosos animales inmigra para tener sus crías en tierras un poco mas cálidas.  Y no los culpo, porque el sabor costero no se compara con nada.
Ballena jorobada
Navegamos alrededor de 3 horas en un catamarán (tipo de embarcación propulsado a vela o motor), el cual me recordó que navegando suelo adaptar con facilidad la crisis del marinero, pero al que también le debo haber visto la más increíble y majestuosa imagen materna; Un ballena Jorobada guiando entre las olas a su ballenato, un espectáculo para nunca olvidar.

Se cumplía nuestro cuarto día en estas nuevas tierra  lejanas y yo seguía hambrienta de aventuras; así que recogimos las maletas y nos embarcamos hacia un nuevo destino. En mi mente solo tenia como objetivo llegar a Moctezuma, una playa aislada de la civilización y dedicada al rescate y estudio de tortugas.
Para llegar allí tuvimos que tomar un bus, un ferri y después otro pequeño bus que parecía estar atravesando la selva más espesa y misteriosa del mundo. Todos sus pasajeros incluyendo ‘Alesito’ se fingían taciturnos e hipnotizados por algún hechizo indígena, estaba anocheciendo y yo sentada en el sillón de ese bus antiguo, me sentí en medio de la nada sin saber hacia donde me dirigía, seguramente también fingí estar hipnotizada por un instante.

Llegamos casi a la media noche y sin  la suerte que siempre me acompaña. No encontramos hostal disponible y los hoteles sobrepasaban cualquier presupuesto. Después de todo Moctezuma había dejado de ser un pueblo sin aparente civilización como lo imaginé al navegarlo en internet y ahora puedo decir con la experiencia de lo vivido que merece un título un poco más turístico. Por lo cual decidimos finalmente acampar el jardín de una casa de madera situada frente al mar. Tal vez la luz encendida de aquella casa y el sentir que estábamos de alguna manera en compañía nos dio la seguridad de estacar nuestro camping de 10 dólares, el mismo que después de un  aguacero que empezó a las 3 de la mañana, nos dejó con las maletas en bolsas plásticas y sentados sobre la arena, sin la mas mínima parte de cuerpo o de la ropa seca. Asi esperanmos el amanecer.  -Menos mal no me cambié y sigo con el  vestido de baño, "Pura vida". Dije cuando empezó a escampar al amanecer.
Tortuga del rescate
Caminamos durante la mañana y como ya lo habíamos comprobado la noche anterior, Moctezuma es un pueblo costoso, turístico y sin mucho que hacer (si no tienes dinero, claro esta) Así que lo exploramos un poco; Visitamos el centro de estudio de tortugas, ayudamos en el rescate de una muy pequeña que andaba sin rumbo en la playa y decidimos continuar con el atardecer.

Nuestro dinero empezaba a hacerse escaso y aún no llegábamos a la mitad del itinerario en Costa Rica. Pero sin detenernos a pensar en detalles “mínimos” como el dinero, continuamos con dirección a Guanacaste, nuestro destino final y paraíso turístico del país. Accidentalmente en el camino llegamos a Santa Teresa, un pueblo exótico, en el que encontramos lo que estábamos buscando en Moctezuma y en el que encontré también la panadería (The bakery, como se llama) mas exquisita de todo el continente. Una argentina que paso por allí, también por casualidad varios años atrás,  no pudo abandonar este paraíso y ahora se dedica a vender felicidad con sus celestiales éclairs de chocolate (tipo de pastel o postre francés). Uno cada día de los tres que vivimos entre Santa Teresa y Mal País hicieron a mi corazón y mi cintura sonreír con felicidad genuina.
Lastimosamente la sonrisa se desvaneció cuando la mañana que planeamos embarcarnos por fin a Guanacaste, contamos el dinero que nos quedaba y escasamente teníamos para regresar a San José y esperar nuestro vuelo de regreso a Nueva York. Aun teníamos 4 días y no pudimos seguir conquistando más tierras. El poco dinero que nos quedaba se esfumó veloz entre éclairs, ‘cervecitas’ y hostal. Así que llegamos esa misma noche a la capital, donde Norma y Anita Calderón estaban alistándonos un cuarto en su casa para esperar el vuelo. Pudimos descansar los siguientes 4 días, tener cama y comida decente; pero nos marchamos con la nostalgia de no haber colocado la bandera de conquista en Guanacaste. Tal vez en otra oportunidad, tal vez en otra aventura. Porque el 23 de septiembre ya nuestra odisea de "Pura vida" había acabado y mis maletas empezarían a ocuparse con bufandas gorros y guantes para mi primer invierno en Nueva York 

CONTINUARA...







sábado, 11 de octubre de 2014

DIARIO DE UNA COLOMBIANA EN TIERRAS LEJANAS (PARTE VI)

EL DESCENSO
 Turno Septiembre 2013

El anhelado 2 de Septiembre llegó. “Alesito” y yo teníamos todo listo y  yo tenía la barriga llena de esas mariposas que aletean siempre en mi, antes de una aventura. Esta sería una inolvidable.

Tomamos el bus de las 5:30am desde Rosendale hasta New York City, ya habíamos conquistado esta ciudad 2 meses atrás, pero este día se sintió como la primera vez. Tomamos fotos en cada esquina, admiré como siempre por unos cuantos minutos el edificio del New York Times y desayunamos en Teleón Café, El café donde siempre he de desayunar en Nueva York. 

Nuestro día era bastante agitado, revisamos paso a paso el plan y empezamos a caminar. Desde luego caminar es lo único seguro en esta ciudad. Visitamos museos, comimos en la panadería más costosa y aburrida del mundo (Magnolia Bakery), es una esquina donde con esfuerzo cabes con tu acompañante y pagamos 25 dólares por un café un chocolate y dos mini-ponqués.
Love park

Al terminar el día estábamos agotados pero satisfechos. Esperamos hasta las 3 de la mañana en la estación de buses (The Porth Authorithy NY) porque como buenos colombianos nos dejó el bus de las 11pm y tuvimos que “dormir” en el piso, en compañía del típico borracho y la asiática que cree que entiendes su idioma. Ella hablo un rato y nosotros sonreímos y asentamos con la cabeza varias veces.

Dieron las 6:30 am del segundo día en mi reloj  y ya habíamos llegado a Philadelphia en Pensilvania, primer destino fuera del estado de New York. Esta es una ciudad Hermosa. Imponente arquitectura, poca población y poco tráfico; está custodiada por un emblemático corazón, con la historia del país y cargado de una vibra revitalizante; la ciudad además está adornada con el parque del amor, que en ese día sus fuentes acuáticas le hacían honor a mi visita. habia un destello de color verde danzando en el agua y fue irresistible no pasar algunas horas contemplando aquella plaza ¡Esta se convirtió en mi ciudad favorita!

La ardilla del parque
Los siguiente 2 días los vivimos en Washington D.C, sin duda una ciudad única, turística, simbólica y el sol radiante que nos acompañó ese día fue perfecto para caminar. Almorzamos un helado de 7 dólares cada uno (Descuadramos el presupuesto, así que no hubo almuerzo decente esta vez). Alrededor de las 4 de las tarde alimentamos una ardilla con las sobras de la galleta del almuerzo y sentados en el parque del National Mall tratamos de recordar el camino de regreso al Hostal. Esta fue mi primera noche en una cama desde nuestra partida de Rosendale y la primera vez que entré en un tipo de alojamiento como este. (Hostal=Hotel donde te renta solo la cama y debes compartir la habitación con mas personas a las cuales no conoces) ¡Que sorpresa! nuestros compañeros de cuarto eran colombianos. Fue una larga noche de charla y cerveza.

Al día siguiente llegamos a Columbia, capital de South Carolina y sede de la Universidad de Columbia. Creo que escogimos esta ciudad pensando en que de alguna manera nos sentiríamos en Colombia, o algo así, Sin embargo cuando llegamos lo único que encontramos fue, un pequeño y caluroso terminal de buses, una pelea entre una pareja que parecía amarse y odiarse de todas las maneras posibles y a nosotros muy cansados esperando el bus. ¿Por qué escogimos Columbia? Aún no lo sé; Pero definitivamente no es el primer lugar en mi lista para visitar.

Mónica y Felipe
Después de esperar con ansias y desespero alrededor de 5 horas el bus, finalmente nos embarcamos para Atlanta. Una ciudad encantadora, gigante y por fin con una cara conocida. Mónica Forero, una vieja amistad de colegio que estaba esperándonos en el terminal. Que buen reencuentro. Comimos nuevamente como personas normales, descansamos, nos fuimos de fiesta y disfrutamos al máximo esos 2 días en compañía de ella y su novio ¡Atlanta tiene luz y duraznos!

Antes de partir para Miami último destino en Estados Unidos, revisamos el itinerario ¡Oh Díos!  Yo quería ahorcar a ‘Alesito’; él escribió 5 horas de camino en nuestra bitácora y no eran 5 eran 15. Nos esperaban ¡15! Horas de viaje en bus y un retraso de 10 horas ¡Good Job! le dije.

ya era 7 de septiembre 2013 y este era el panorama: 8:00 am, Horas de sueño 15, tortícolis 150%, desayuno 0, nalgas 0;  pero nada de eso fue importante cuando nos bajamos del bus y sentimos el olor del mar. Estábamos en ¡Miami South Beach! Y nos esperaban dos días de playa, brisa, mar y ¡Fiesta!

Llegamos al mejor Hostal que he visitado hasta ahora (International Hostel Miami South beach), fiesta las 24 horas del día, 3 comidas diarias, compañeros de todos los países, a 2 cuadras de la playa y 25 dólares la noche, que buena elección, eso compensó las 10 horas extra de bus.

'Alesito' y el Scooter
El primer día alquilamos un scooter, ‘Alesito sugirió ir a Miami a buscar un restaurante que él quería visitar. Casi perdemos la vida en una gran autopista que conduce de Miami South Beach a Miami City, esa misma que te lleva al aeropuerto: Íbamos a 30 mph, en vestido de baño y sin mapa o internet. ‘Alesito’ me gritaba que acelerara y los demás carros…Esos creo que solo nos gritaban lo estúpidos que éramos por entrar en esa interestatal manejando un Scooter. Y tenían razón.
Después de 2 horas de camino en una ruta que indicaba 30 minutos, llegamos al `dichoso´ restaurante: Budares Bistro, una pequeña muestra de las delicias culinarias venezolanas; y tanto valió la pena, que volvería a repetir la hazaña solo por comer otra de esas arepas o alguno de esos patacones.
 Al regreso tardamos solo 40 minutos en llegar a South Beach. Existe un camino especial para Scooter en el cual descubrí que ‘Alesito’ no sabe manejar moto, Él decidió tomar el manubrio las últimas 2 millas y nuevamente mi vida estuvo en peligro; piesto que me aseguró que sabía lo que hacia y después de dos intentos de suicidio me confesó que era la primera vez que manejaba una moto, ¡en su vida!  Yo solo quería llegar al hostal y devolver el ‘bendito’ Scooter. 


  
Con destino a la conquista
Luego de tres días de fiesta en Miami, estábamos listos para volar hacia nuevas tierras, no tan lejanas, pero nuevas. La conquista estaba por empezar. Teníamos un pasaje para la mañana del 10, directo a San José de Costa Rica y las maletas listas sobre la cama…





miércoles, 2 de abril de 2014

DIARIO DE UNA COLOMBIANA EN TIERRAS LEJANAS PARTE V





PLAN: “OBTENER 6 MESES MÁS EN USA”
Turno Agosto 2013


Se aproximaba septiembre y yo tenía mi tiquete de regreso a Colombia para  el 1 de octubre de ese año. Mi maleta aún estaba ocupada con lo necesario para escalar y yo sentí que necesitaba más tiempo en Estados Unidos. Este es un país extenso y quería conquistarlo un poco más. Así que desocupé la maleta, reacomodé mi closet y junto a ‘Alesito’ empecé a proyectar lo que sería mi plan: “Obtener 6 meses más en USA”.

El plan era volar a Costa Rica, un país centroamericano, reconocido por sus hermosas playas, bañado por los dos océanos y muy convenientemente para nosotros, lugar de residencia de mi tía Norma, la cual seguro nos daría posada por unos días. Así después de sumarle un territorio más a mi conquista, ‘Alesito’ y yo obtendríamos en nuestro regreso a Nueva York, 6 meses más de estadía en Estados Unidos. El plan era brillante y se volvió ambicioso cuando al contarle la idea a el alcahueta mayor: Mi papá, él sugirió adicionarle al viaje un recorrido por tierra desde Nueva York hasta Miami, con múltiples paradas en el camino ¡Que gran consejo!

Pero como todo, la logística de este soñador viaje necesitó tiempo y plata. Reunimos nuestros ahorros de aproximados 3 meses de trabajo; Yo tenía 1.700 dólares y ‘Alesito’ 1.500. Compramos con un mes de anticipación los tiquetes en bus (Salen la mitad más baratos) y obtuvimos (Regalo de ‘Alesito’) Un tiquete en avión Miami- Costa Rica y Costa Rica- Nueva York. Todo estaba saliendo como queríamos y nosotros estábamos muy emocionados, en especial ‘Alesito’ que suele expresar más ampliamente su felicidad.

Él trabajó varías noches del mes de agosto en lo que sería nuestro plan de viaje. Mientras tanto yo, de nuevo, empaqué maletas y me fui con los Landau a escalar las rutas del norte del país.  Fueron tres semanas productivas; escalamos en Connecticut, New Hampshire y terminamos en Maine  (Acadia park), escalando con el mar de testigo y junto al amanecer más hermoso que he visto hasta ahora.

Nunca olvidaré que el último día de nuestra estadía en Maine, le pedí a Joel que me llevará a probar las famosas langostas del Estado (Famosas por ser las mejores del país), Rosi me advirtió que no eran como tal vez yo me las imaginaba; pero como ella, para mi gusto entonces, comía diferente, no le presté atención y ordené una con maíz y una coca-cola.  Error.

Lo primero que debes NO hacer al comer langosta en Maine es ir a ver como la preparan (te la muestran viva como suplicando por su vida entre un acuario) y lo segundo es NO  preguntar o en su defecto `Googlear´ que es la cosa verde que sale de su vientre cuando la muerdes. Fue una experiencia desagradable que dejó como resultado una mirada en Rosi de: “Te lo advertí” y a mi estómago vacío porque apenas pude darle tres mordiscos.

Cuando llegamos a Rosendale ya solo quedaba una semana de agosto y ‘Alesito’ había hecho un gran plan de viaje para nuestro septiembre. Descargó mapas con guias, seleccionó lugares que queríamos visitar, elaboró un horario que debíamos cumplir sin “contratiempos” (Después uno aprende que siempre los hay) y armó un tour completo por tierra desde Nueva York hasta Miami; con duración de una semana y teniendo muy en cuenta los días de la semana, ya que debían coincidir con los días de entradas libres a los museos (Punto a consideración con el presupuesto). Entonces nuestras paradas serían:

Día 1: Nueva York City,
Día 2: Philadelfia (Pensilvania)
Día 3: Washington D.C
Día 4: Columbia (South Carolina),
Día 5: Atlanta (Geogia)
Día 6 y 7: Miami (Florida).
Y finalmente  los siguientes 15 días: Costa Rica (playas del Pacífico)

En efecto, el plan era ambicioso pero emocionante. Nos embarcaríamos en una aventura de playa brisa y mar;  hacia nuevas tierras lejanas con tan solo dos mochilas, un camping  y la expectativa de una gran viaje.


CONTINUARA…

domingo, 9 de febrero de 2014

DIARIO DE UNA COLOMBIANA EN TIERRAS LEJANAS (PARTE IV)


LA GRAN MANZANA
Turno 07-04-13

'Alesito'
Uno de esos dos abrazos que me traje de recuerdo para Nueva York, cuando salí de Colombia, fue el de Alexander o ‘Alesito’ como lo llama mi mamá.  Sin embargo, ese lo saque de la maleta en mayo del mismo año cuando lo reemplacé por abrazos a diario. ‘Alesito’ llegó ese mes a Nueva York a acompañarme por un ‘ratito’ en mi aventura.

Era Julio y decidimos conocer juntos la Gran Manzana, y que mejor fecha para recorrerla que el día de la independencia de Estados Unidos (4 de Julio). El turno de la gran Manzana había llegado y nosotros estábamos a la expectativa de encontrar una espectacular bienvenida con fuegos artificiales, desfiles y demás.

New york desde Brooklyn Bridge
Con ‘alesito’ coincidimos en una cosa: “Cuando llegas a Nueva York lo primero que aprendes es que no sabes inglés”; por lo cual, nos tocó adaptarnos bruscamente al acelerado dialecto neoyorquino. Sin embargo, aquello del idioma fue algo que se hizo mínimo después de un par de cuadras andadas; recorrer las calles de esta ciudad es fascinante, puedes tomar a tu compañero de viaje de la mano y aún sin pronunciar palabra alguna, descubres que a tu alrededor camina contigo la cultura del mundo.

Escuchas todos los idiomas que puedas imaginarte, incluso aquellos que no. Ves personas de toda clase, sin clase, con tradición y sin ella también. Es como poner en un solo momento y espacio al mundo entero. La arquitectura es antigua e imponente. Las calles son como de fotografía. Sientes el subway (tren subterráneo) corriendo bajo tus pies y caminas a paso veloz pero disfrutas cada centímetro que recorres. Siempre encuentras algo novedoso y atrayente, es como si la ciudad concursara por esquinas para llamar tu atención.

"Time Square"
Pasamos el día entero caminando y aunque no sentíamos los pies, tampoco sentíamos el cansancio; queríamos nuestra bienvenida. Estábamos ansiosos por ver los fuegos artificiales ya que el deseado desfile de cada año no fue para esa fecha; sería para noviembre en el día de acción de gracias. Llegamos a la hora indicada (8:00pm) a la parte sur de Manhattan, bajo el puente de Brooklyn; Allí una larga y refrescante bahía decora la orilla del Rio Hudson, el mismo que pasa por Rosendale y que desemboca en el Mar Atlantico de Manhattan.

"Un llanerazo de fondo"
Eran las 10:00pm,  nosotros estabamos  sentados en una banca de cemento a la orilla del río, y aún esperábamos el espectáculo; extrañamente este nunca inició. Estábamos algo desilusionados, no tuvimos nuestra gran bienvenida con luces y estallidos, pero aún estábamos sentados en la capital del mundo y solo con apreciar desde aquella banca la inmensidad de esta gran ciudad, que incluso bajo la noche continua despierta y despampánate,  fue suficiente para ser tomada como nuestra bienvenida.  Sentimos a Nueva York esa noche en nuestras manos.
Luego de un par de margaritas en un exclusivo bar de la ciudad regresamos al corazón de Mahattan (Time Square). El último bus de regreso a Rosendale se había marchado hacia una hora y nosotros no teníamos donde dormir esa noche. Igual no nos importó, estábamos animados, era verano y al son de unas tonadas llaneras pasamos la noche cantando, bailando y riéndonos de cada cosa que pasaba en el Time Square.

Después de que por fín amaneció, empezamos el día con un cafecito para remediar el sueño y emprendimos camino hacia el zoológico del Bronx. Era viernes y yo sentía el cansancio de un año completo en mis pies. Llegamos al zoológico y pagamos la costosa entrada con los últimos dólares que nos quedaban (Una semana después descubrimos que los miércoles la entrada es gratis) Caminamos durante todo el día y al final yo no sentía mis piernas y ‘alesito’ no quería caminar un centímetro más. El subway de regreso a Mahattan fue una tortura y nosotros solo queríamos llegar a Rosendale.

Fueron dos días en los que caminamos todo aquello que no habímos caminado en el año y  en los que bajamos de peso el equivalente a un mes de gimnasio. Pero valió la pena; teníamos nuestras almas repletas de cultura y nuestro apetito hambriento de más aventuras.

CONTUNUARA…