viernes, 31 de enero de 2014

DIARIO DE UNA COLOMBIANA EN TIERRAS LEJANAS (PARTE III)

UN VERANO ENTRE ROCAS CON TIZA EN LAS MANOS
Turno 06-03-13

Los Landau
Los Gunks NY
Era Junio de 2013 y yo había descubierto nuevamente dos cosas importantes: Primero a la familia Landau quienes se llaman a sí mismos “La antítesis de cualquier tradición” ¡Y lo son! Ellos me acogieron en su casa cómo una integrante más del clan. Y lo segundo que descubrí (gracias a los Landau, valga la aclaración) tenía una afición escondida por conquistar nuevas tierras entre rocas y con tiza en las manos. Caminando entre el asombroso Cliff [1] llamado Shawangunks o popularmente conocido como “Los Gunks” en Nueva York; y allí descubrí un intenso amor por la escalada en roca.

La van
Fue así como a tan solo dos meses de haber emprendido mi viaje a tierras lejanas, y sin pensarlo dos veces; ahí estaba yo de nuevo, acomodando mi maleta pero está vez para una aventura entre rocas, una van[2] con una cama improvisada para tres personas y media y con una nueva motivación: Sería la niñera de Emily Nut Landau mientras con sus padres escalaríamos todo el Estado de la Montaña (West Virginia).

Salimos el 3 de junio de 2013 de Rosendale NY. Nuestro primer  “Climber trip” (Viaje escalador) sería hacia New River Gorge y Seneca Rock en West Virginia (WV).

Primeros pasos de Emily
Y así lo hicimos. Escalamos cada ruta que encontramos en la inmensa zona de escalada de New River Gorge; Yo empecé con un nivel 5,4 y terminé por hacer mi primera 5,8 en la ruta llamada: Vector (primera ruta 5,8 descubierta en Estados Unidos en los años 40)  Subimos y bajamos montañas cada día. Emily empezó a dar sus primeros pasos entre aquellas rocas. Y mientras ella practicaba su caminar, nosotros nos bañamos en cada rio con el que tropezamos, algo que por cierto la hacia muy feliz (Emily ama el agua y extrañamente la prefiere fria)
 
Al final de nuestras primeras dos semanas de viaje, y antes de partir hacia Seneca rock, yo hice por primera vez raffting en el río de  New River Gorge; una operación que dejó como resultado una pierna morada y a mis brazos suplicando no escalar al día siguiente por el cansancio.  

Seneca Rock
 Al llegar a Seneca Rock lo primero que admiré fue la imponencia de la roca en la montaña, es simplemente perfecta y majestuosa; al verla, Porque después de caminarla un par de veces, la perfección y la majestuosidad se fueron disminuyendo un poco y mi corazón aprendió a bailar al son de una respiración sofocante; es empinada y constante. En esta montaña descubrí mientras escalaba una aterradora fobia a las culebras ¡Seneca esta invadida por ellas! Y yo me abstuve por un instante de escalar porque entré en pánico con una que se acercó a saludar. Creo que los Landau aún no olvidan mi cara de terror cuando la vi.

 Aquellos días en lo que escalar y caminar con Emily eran mi única preocupación se volvieron memorables. Practiqué a diario con juegos de palabras mi aún inexperto inglés,  y mientras Rosi y Joel hacian ejercicio y perdían peso yo gané algún que otro ‘kilito’ de más, pero en alimento espiritual y en aprendizaje ¡Enriquecí mi espitiru en este viaje!

"La siesta"
Despues de que pasaron tres semanas de, uñas entierradas, duchas intercaladas (Bien intercaladas) y siestas entre los brazos de Emily y los de la montaña decidimos regresar. Rosendale nos hacia falta y mi maleta me estaba quedando pequeña, necesitaba reacomodar mi equipaje para continuar. De todas maneras el verano sería hasta Septiembre y nosotros repetiríamos el "climber trip" en Agosto;  Esta vez con dirección hacia el norte de Estados Unidos.




 CONTINUARÁ...





[1] Cliff, significa acantilado o roca vertical expuesta generalmente formada en las costas o junto a los rios
[2] Van, es un vehiculo de chasis alargado utilizado para carga o turismo depende la adaptación, en este caso utilizado como “La habitación del viajero”.

sábado, 25 de enero de 2014

DIARIO DE UNA COLOMBIANA EN TIERRAS LEJANAS (PARTE II)

 ROSENDALE NY
Turno número 04-11-13

Aún era diciembre de 2012 cuando recordé por qué razón alguna vez hice maletas. Entonces decidí no hacerlas de nuevo; pero sí iniciar todos los preparativos para poder algún día coger una mochila y brincar a un avión.
Marranito de barro: pintura by: my mom
31 Dic 2012- 1 Ene 2013: 12:00 Am

Y así fue. Luego de correr como una loca la cuadra que rodea mi casa en Villavicencio; con una maleta al hombro el 31 de diciembre, (Por tradición, en mi familia, como muchas familias colombianas, se cree que si corres el 31 de diciembre a las 12:00 en punto con una maleta viajaras todo el año). Entre “marranitos de barro” llenos de monedas, trasnochadas en internet buscando el mejor precio en tiquetes aéreos, llamadas telefónicas y explicaciones a mi misma de porque viajar era lo que necesitaba, obtuve lo que se convirtió para mi en el primer paso: Un pasaje de ida a New York City para el 11 de Abril de 2013, con una escala en Miami (las memorables primeras tierras lejanas conquistadas). El turno del mundo: Aventura, había llegado y yo siquiera había comprado una maleta nueva.

Sin embargo y sin darme cuenta ni prepararlo con mayor antesala, el 10 de abril de 2013 tenia nuevamente en la puerta de mi casa; junto a mi mamá y a mi papá, los ahora bautizados ‘alcahuetas’, un equipaje. Esta vez este era liviano y con lo estrictamente necesario. Me embarcaría entonces en un viaje a tierra lejanas, sin más que la expectativa y el temor que se pueden sentir antes de alejarse de verdad de casa.


Los 'alcahutas'
El 'muelon'
De recuerdo empaque la sonrisa más tierna del mundo, la de mi hermano (aquel ‘muelón’ que extraño como a nadie), una despedida de quienes sabes que son tus amigos, un par de abrazos importantes y dos lágrimas que compartí con mis padres antes de decirles “chao pescado” en el aeropuerto El Dorado de Bogotá; el mismo que 8 años atrás había ilusionado mi alma aventurera.


Aterricé el 12 de abril de 2013 a la 1:00am en el Aeropuerto Internacional, La Guardia de New York City. Con un libro en la mano y mi cabeza aturdida por un idioma extranjero e indecifrable para mi, salí caminando en busca de quien sería mi primer amigo en este país, Joel Landau. Y ahí estaba él, con su gorra, su mochila y sus gafas, despistado (como es él) esperando a que yo apareciera con un cartel en el que debía decir su nombre. El cartel nunca saqué porque los nervios borraron toda instrucción de mi mente. Yo solo sabia cuando lo vi que era él y lo saludé entre los dientes: ¡Hello! Y lo siguiente que logré decirle fue: Can you speak slowly please? Frase que me acompañó por varias semanas en Nueva York.


Hudson Valley NY, USA
Al llegar lo primero que admiré fueron los paisajes. Son los típicos norteamericanos que mi mente había caracterizado a través del cine y desde mi infancia. Por esa razón salir a caminar  se convirtió en la primera actividad más repetitiva que realicé durante mi primer mes en Rosendale. Caminar aquí significa no solo ejercitar las piernas, significa alimentar el espíritu y agudizar la sensibilidad visual. Caminar aquí significa respirar bosques y entonces yo empecé a respirar bosques a diario. No me importaba que fuera siempre a través del mismo sendero, porque cada vez fui descubriendo algo diferente, aprendiendo algo nuevo y  memorizando los caminos en mis recuerdos por si alguna vez olvidaba  la ruta de regreso.


Rosendale NY, USA

Hudson Valley es en esencia un espacio para la naturaleza. Aquí los bosques dibujan escenas de películas de terror; aquellas con las que muchos nos sentimos identificados al pararnos frente a los altos y delgados árboles que, alineados uno a uno sobre un prado de sombra intercalada parecieran no tener fin.  Caminar entre ellos es vida, sientes que no estas solo ¡Y no lo estas! Sientes que la tierra palpita y que cada árbol te mira. Es aterrador pero también excitante y placentero.


Teatro Rosendale NY, USA
 Rosendale es verde, es aire fresco y también es una calle principal. Una adornada por lo más típico de este país. La librería que más que librería es un escondite para volar. Una oficina postal que siempre que paso enfrente recuerdo las postales que aún no he enviado a Colombia. El “Big Cheese”, una tienda donde seguro no solo encontrarás queso. Una taberna muy peculiar, un elegante restaurante, el café que ofrece clases de salsa cada jueves y por supuesto el teatro, el cual anima cada actividad del pueblo.

Rosendale NY, USA. Desde mi balcon!

En Rosendale encontré magia y no sólo en los paisajes; también su gente, amable, hospitalaria y con esa sonrisa en su rostro siempre dispuesta a saludarte. es una cultura diferente y abierta a mostrarte otros mundos, muchos de esos tantos que solo viajando empiezan a dibujarse en tu mente.

A mi, por ejemplo este lugar a tan solo cuatro semanas de haber llegado, me mostró un nuevo mundo. Uno excitante que ha puesto a marchar mi corazón con la misma velocidad que anduvo, cuando con un abrazo tembloroso, me despedí de mi madre en el aeropuerto; aquel jueves de abril en que por fin mi maleta despegó y a mis pies le salieron alas.

CONTINUARÁ...

domingo, 12 de enero de 2014

DIARIO DE UNA COLOMBIANA EN TIERRAS LEJANAS (PARTE I)

 Hacer maleta no es el primer paso

 Deseaba viajar más que cualquier cosa en el mundo. Más que cualquier amor de tiempos pasados, pero no lejanos. Más que a la raíz del árbol por mi sembrado. Más que a las páginas del libro que aún no he empezado. Más que a Camila, quien me ha acompañado desde hace tantos años. Deseaba viajar más que cualquier deseo de cumpleaños o más que a los abrazos que ahora tanto extraño.

ORIGEN DEL VIAJE

Todos saben que armar un viaje, con destino a tierra lejanas, necesita más que ganas; necesita tiempo, decisión y para ser franca varios pesos en el bolsillo. Para muchas personas mi viaje empezó cuando hice mi maleta (abril-2013) y decidí dejar de un lado mi obsesión por ‘encartarme’, con el montón de “cositas”, innecesarias que necesita una mujer para abandonar con seguridad su trinchera.   

Pero esto, a pesar de ser cierto, no fue así. Mi viaje empezó 8 años atrás, cuando no por arte de magia, la idea de viajar a Estados Unidos se estacionó en mi mente quinceañera.  Y digo no por arte de magia, porque ahora que estoy acá; tengo la certeza de que por haber sido el primer pedacito de tierras lejanas, que conoció mi adolescente recuerdo de 15 años, fue que elegí este país como primera parada a una aventura que apenas comienza.

Salí de mi casa en Villavicencio, Meta (Llano de Colombia) el 1 de diciembre de 2005 con destino al Aeropuerto Internacional del Dorado de Bogotá. Mis maletas (Plural, valga la aclaración) estaban repletas de fantasias y pesaban una tonelada de ilusiones. Eran las 2:00 AM y tenía el tiempo necesario para llegar a mi vuelo internacional de las 8:00 AM de ese día. Y así fue; luego de despedirme de mis padres y agradecerles una y otra vez por el viaje, volé aquel 1 de diciembre directo a Miami, Estados Unidos y regresé el 12 del mismo mes con las mismas 4 maletas; Pero esta vez con un peso extra: El deseo incontrolable de regresar y continuar la aventura de conquistar otros mundos.

Sin embargo el primer mundo que logré conquistar, luego de mi aterrizaje, fue el de los 11 años de colegio. Los cuales terminaron con un grado el 7 de diciembre de 2006. Entonces me sentí vencedora. Empecé a hacer de nuevo mis maletas, soñando despegar muy muy lejos  (En ese entonces pensaba que el primer paso para viajar era hacer la maleta) y claro que las maletas fueron útiles; pero para viajar a Bogotá, a tan solo 2 horas de mi casa en Villavicencio. Así empezé la batalla en un nuevo mundo: La universidad.

Allí, en ese mundo; Fue cuando el Periodismo se convirtió en mi aliado de guerra más importante para superar esta batalla; la cual terminó victoriosa el 18 de julio de 2012 con un nuevo grado como profesional y un segundo mundo superado.
Sin embargo en mi memoria aún habitaba aquel anhelo adolescente de emprender el viaje. Inicie de nuevo el arduo trabajo de hacer las maletas. Pero esta vez quedaron guardadas debajo de esa escalera que tiene el gran letrero de: HAGA FILA Y ESPERE SU TURNO. Porque le tocaba el turno al mundo laboral. 

Ya era noviembre de 2012 y mis ocupaciones volvían pequeñas mis maletas. Fui necesitando objetos que iba tomando de ellas, haciéndolas cada vez más invisibles, más ligeras; haciéndolas pasajeras de un vuelo perdido.

¿Cómo retomar mi viaje y recuperar el impulso?

Ninguna guerra se gana sin aprender de una batalla perdida. Enfrenté entonces la batalla más peligrosa y la perdí. Perdí mi trabajo en diciembre de ese mismo 2012 de mundos superados. De ese 2012 en el cual anunciaban el fin del mundo, según predicciones de los Mayas. De ese 2012 que acabó de nuevo con mis  maletas en Villavicencio donde alguna vez empezaron.

Fue entonces cuando comprendí que hacer las maletas no es el primer paso.

CONTINUARA...